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Al sitio oficial de la institución de educación superior de la Iglesia de Dios en México: el Seminario Bíblico Mexicano. Es de sumo placer para nosotros poderte servir y tener contacto con todos aquellos creyentes que tienen un llamado del Señor para prepararse para el ministerio. Hemos rediseñado nuestro sitio para hacerlo más adecuado al servicio que deseamos darte. Además deseamos que a través de las galerías puedas familiarizarte con Sebime de hoy y de antaño. Puedes enviarnos tus comentarios, opiniones o simplemente para hacer contacto con nosotros a: Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla nos encantaría saber de ti.

 

LEMA SEBIME

"Y todo lo que hagáis sea de palabra o de hecho hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres, (por lo tanto) hacedlo bien".
(Col. 3:17 y 23; Sal. 33:3)
 

ARTÍCULO

"JESÚS, EJEMPLO DE OBEDIENCIA"

Hno. Juan Manuel Castañeda

rector

 

“El camino de la obediencia no es fácil pero es seguro”

El perfecto ejemplo de obediencia lo encontramos en nuestro Señor Jesucristo.  Veamos las declaraciones de la Escritura al respecto:

 

Él “se despojó a sí mismo”

Nadie podía despojar al Señor de su gloria y majestad.  Él se despojó a sí mismo en absoluta obediencia al Padre para realizar la obra de salvación.  Nadie forzó a Cristo a hacer lo que hizo.  Él lo hizo en un acto de perfecta obediencia.

 

Él “se humilló a sí mismo”

Nadie podía humillar al Señor.  Su mérito consiste en que Él se humilló a sí mismo.  Él quiso hacerlo en absoluta obediencia a la voluntad del Padre.

 

Él se hizo “obediente hasta la muerte”

Nadie podía darle muerte al autor de la vida.  Si murió fue porque Él quiso hacerlo, porque ese fue el plan desde antes de la fundación del mundo.  De modo que la muerte vicaria de nuestro Señor fue un acto de absoluta obediencia a la voluntad del Padre.  Así que, por su obediencia al Padre Jesucristo es el autor de nuestra salvación.

“El camino de la obediencia no es fácil pero es seguro”.  Fue por esa obediencia absoluta al Padre que Jesucristo fue honrado de la manera que nadie más puede serlo.

 

Dios “le exaltó hasta lo sumo”

Nadie jamás podrá ser exaltado en el grado que Jesucristo fue exaltado.  Al que se humilla Dios lo exalta, es cierto; pero sólo la exaltación de Cristo es “hasta lo sumo”; es decir, sobre toda la creación.  Por eso afirmamos que el camino de la obediencia no es fácil pero es seguro.

 

Dios le dio “un nombre que es sobre todo nombre”

Esto significa que Jesucristo tiene autoridad sobre toda autoridad en el cielo y en la tierra.  Todo está sujeto a la autoridad del Señor.  Jesucristo honró al Padre siendo obediente en todo. El Padre honró al Hijo exaltándole hasta lo sumo y dándole toda autoridad sobre toda cosa creada.

 

Jesucristo es nuestro ejemplo; y aunque ninguna criatura puede recibir la exaltación que Jesucristo recibió del Padre, sí es verdad que Dios siempre honrará de manera justa  a aquellos hijos e hijas que le obedezcan.

Una manera de honrar a Dios es obedeciéndole, y Dios promete honrar a los que le honran.  “El camino de la obediencia no es fácil pero es seguro”.  Te animo a que vivamos una vida de radical obediencia a nuestro Señor.

 

"SEMANA SANTA, UNA PÉRDIDA IRREPARABLE"

Hno. José Cruz Granillo

granillo

           La Semana Santa o Semana mayor, como también se conoce, es la época más importante para el pueblo cristiano, ya que en ella se conmemora el evento crucial por medio del cual Dios, en su misericordia, provee salvación y perdón al mundo entero: el sacrificio expiatorio hecho “una vez y para siempre” (Heb. 9:26) de nuestro Señor Jesucristo, cuya muerte sigue siendo el pilar absoluto de nuestra  redención. Es también llamada la semana de la pasión ya que representa la última semana que nuestro Señor Jesucristo vivió en su estado humano entre nosotros.

 

          Aunque la semana santa representa el hecho de que Jesús culmina su ministerio terrenal y, por lo tanto, su presencia física en este mundo, no es a esta pérdida a la que nos referimos como irreparable, ya que, como bien lo describe la Escritura, aunque él se fue nos ha enviado “otro consolador” (Jn. 14:16) el Espíritu Santo que estará con nosotros para siempre, cumpliendo así la promesa de que Él estaría con nosotros “todos los días hasta el fin del mundo”(Mt. 28:20). Además sabemos plenamente que hoy más que nunca estamos cercanos a su inminente regreso y la plena consumación de su reino.

 

          La verdadera pérdida tenemos que analizarla desde nuestra propia perspectiva, ya que no es una pérdida del poder del evangelio, sino más bien de nuestra capacidad de reflexionar, valorar y aplicar lo que Jesús compró para nosotros en la cruz:

 

  • •Mientras deberíamos pensar en lo que le costó a Jesús nuestra redención, el único costo que nos aflige es el de las vacaciones  y los gastos que implicaría un viaje a la playa.
  • •Mientras deberíamos valorar lo que Jesús hace por nosotros, en realidad estamos más preocupados por que las autoridades faciliten el tránsito por las carreteras y que no salga un trabajo de último momento que pueda estropearnos nuestros valiosos planes.
  • •Mientras lo que pasó en la cruz debiera proyectarnos hacia la eternidad, nuestras cortas mentes nos llevan solamente a ver cómo nos las arreglamos para regresar de nuestro viaje y como continuar viviendo ahora con las bolsas vacías y la tarjeta de crédito hasta el tope.
  • •Mientras deberíamos llenarnos de fortaleza espiritual, nos llenamos de vino, alcohol y sustancias que arruinan nuestro cuerpo y mente.
  • •Mientras deberíamos dedicar tiempo a buscar del Señor, la realidad es que pasamos más tiempo revisando que bloqueador solar se adecúa mas a nuestra piel y qué tipo de traje de baño se va a lucir en estas vacaciones.

 

          Esta es una verdadera pérdida, se gastan millones de dólares en el mundo entero para poder brindarse unas “merecidas vacaciones” pero la sangre de Cristo, mucho más valiosa y que está al alcance de todos, ha perdido todo valor en las mentes y los corazones de la humanidad.

 

         Aunque en el mundo entero pudiéramos hablar de una pérdida irreparable, lo cierto es que en la medida que cada individuo valore el sacrificio de Jesús y haga de estas fechas tiempos de gloriosa reflexión y fortalecimiento espiritual, el verdadero motivo de Semana Santa seguirá vivo y sobre todo, el Reino de Dios seguirá avanzando, levantando el nombre de Cristo y trayendo salvación y vida eterna por siempre.

 

Hagamos de estas fechas tiempos gloriosos en la presencia del Señor